Últimamente están en el punto de mira las acusaciones de que Boston Scientific podría estar utilizando a sabiendas material falsificado, vendido por un conocido falsificador con sede en China, en sus productos de mallas vaginales; de que no ha realizado las pruebas adecuadas con el nuevo material; y de que ha engañado a las autoridades reguladoras.
Según las últimas noticias, parece que el fabricante de productos sanitarios, tras perder su fuente de suministro de materiales en Estados Unidos, podría estar implicado en una conspiración para importar resina de polipropileno de segunda categoría y de calidad inferior para su uso en las eslingas. Otros demandados citados en la demanda contra Boston Scientific son EMAI Plastic Raw Materials, de Guangzhou (China); Proxy Biomedical Ltd, de Irlanda; y Luxilon Industries, con sede en Bélgica.
Boston Scientific niega rotundamente tales acusaciones.
Esta acusación resulta profundamente preocupante por varias razones. Las mallas vaginales se crearon con la intención de ayudar a las mujeres a tratar el prolapso de órganos pélvicos. Hasta la fecha, miles de mujeres afectadas han presentado numerosas demandas por daños y perjuicios.
Muchas mujeres han visto cómo sus vidas se han visto trastornadas y padecen dolor intenso, dolor pélvico, perforación de órganos, hemorragias, infecciones, dolor durante las relaciones sexuales e incontinencia urinaria a causa de la erosión de la malla vaginal, y no tienen ninguna esperanza de que se les extirpe por completo esa banda invasiva que invade sus órganos.
La cuestión ética de que una empresa utilice a sabiendas materiales de calidad inferior en un producto diseñado para su implantación en el cuerpo cobra gran relevancia y plantea serias dudas sobre la ética de Boston Scientific. La ética de un falsificador que comercializa ese tipo de material de calidad inferior es, sin duda, igualmente cuestionable.
Si las acusaciones resultaran ciertas y se verificaran, tal acontecimiento cambiaría la forma en que se juzgan los casos relacionados con las mallas vaginales. Dichas pruebas resultarían de gran interés para el juez y el jurado y probablemente inclinarían la balanza de la justicia a favor de un número aún mayor de demandantes. En Boston se venden al menos 120 millones de dólares en mallas vaginales al año. Es posible que a más de 55 000 mujeres al año se les implante este producto cuestionable.
Si sufre dolor, inflamación o discapacidad como consecuencia de un implante de malla vaginal, puede ponerse en contacto con mi despacho para obtener información sobre sus derechos legales.
